15 mar 2012

Algunos aspectos sobre el concepto de dificultad

Muy buenas a todos.

Revisaba unas cuantas revistas viejas a fin de refrescar mi maltrecha memoria y de sentir en mis carnes la flojera muscular que acompaña a la sonrisa blanda que, inevitablemente, aflora en nuestras caras cuando vemos screenshots del Renegade y decimos "Cómo molaba..." cuando me topé así, como que no quiere la cosa, con una crítica del "Army Moves" para Amstrad CPC 6128.

Y algo llamó mi atención. Algo que había visto cientos de veces, que no dejaba de ser una valoración muy habitual en las reseñas de la época.

Vi que calificaban el juego como de "dificultad endiablada".

Y eso me hizo pensar.

En los años ochenta nadie se escandalizaba cuando un título era tan complicado que terminarlo era una tarea hercúlea. Es más, prácticamente ningún jugador se planteaba acabar los juegos; simplemente nos conformábamos con pasar unas cuantas pantallas y hacer un buen montón de puntos (aunque Dustin, Impossamole, Karnov o Target Renegade fueran perfectamente completables).

Pero las décadas han pasado y los gustos de los jugadores han evolucionado junto a sus expectativas y metas arrastrando tras de si las corrientes de desarrollo de videojuegos. Y entres esas corrientes se encuentra, claro está, el concepto de dificultad

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